Es duro recordarte a cada rato, a cada minuto, a cada segundo.
Son esos momentos los que hacen que el tiempo se vuelva un peso insoportable, insostenible.
Es duro hacer las cosas que antes hacíamos juntos, sin ti.
Las peleas en broma, los secretos, las ganas de luchar por nuestros sueños, las sonrisas, los enfados, los 'si no te tengo reviento', o los 'para siempre'.
Pero es lo que toca, es tiempo de luchar por volver a ser eternos.
No music, no life.
viernes, 4 de octubre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
¿Por qué ira?
¿Por qué enfrentamos el instinto a la razón en lugar de dejar que convivan en armonía?
Somos contradicción. Una parte nos dice: 'hazlo'; otra parte, nos dice: 'no'.
Sabemos cual es el camino pero en vez de seguirlo nos salimos, para luego quejarnos por habernos perdido.
Inventamos excusas que convertimos en motivos.
Confundimos lo que debimos hacer con lo que realmente hicimos...y vivimos. Vivimos deseando algo que no tenemos y lo perseguimos, no hay uno solo de nosotros que haya conseguido todo lo que un día quiso. Porque no se puede. Pero aunque no se pueda...insistimos.
Y ese buscar lo imposible, es nuestra bendición...y nuestro castigo.
Somos dueños de un montón de sueños. La decepción es el precio que se paga cuando se intenta agarrar el cielo, mientras ves como se te escapa entre los dedos...y somos eso. El deseo de ser como nos gustaría ser.
Nuestra razón comprende el límite pero nuestro instinto se niega a verlo.
Somos seres imperfectos que sueñan con ser perfectos, y se recriminan a sí mismos sus defectos.
INSTINTO, RAZÓN.
Somos contradicción. Una parte nos dice: 'hazlo'; otra parte, nos dice: 'no'.
Sabemos cual es el camino pero en vez de seguirlo nos salimos, para luego quejarnos por habernos perdido.
Inventamos excusas que convertimos en motivos.
Confundimos lo que debimos hacer con lo que realmente hicimos...y vivimos. Vivimos deseando algo que no tenemos y lo perseguimos, no hay uno solo de nosotros que haya conseguido todo lo que un día quiso. Porque no se puede. Pero aunque no se pueda...insistimos.
Y ese buscar lo imposible, es nuestra bendición...y nuestro castigo.
Somos dueños de un montón de sueños. La decepción es el precio que se paga cuando se intenta agarrar el cielo, mientras ves como se te escapa entre los dedos...y somos eso. El deseo de ser como nos gustaría ser.
Nuestra razón comprende el límite pero nuestro instinto se niega a verlo.
Somos seres imperfectos que sueñan con ser perfectos, y se recriminan a sí mismos sus defectos.
INSTINTO, RAZÓN.
viernes, 19 de julio de 2013
Infancia.
Cuando me dicen qué quiero ser de mayor, todo se complica.
Según la gente mayor, hay que hacerse adulto para entenderlo todo.
Pero yo veo la gente en la calle y ¿realmente son felices?
Solo los niños, disfrutan de la vida. Es como si al cumplir los 18, todos perdiéramos la cabeza.
Todos son caras largas, rutinas, y malas noticias.
Pero el objetivo de todos los adultos, es el dinero.
Los adultos, hacen lo que sea por el dinero. Es el único objetivo que tienen en todo el año. Conseguir dinero, y más dinero.
Total, día tras día trabajando... y yo me pregunto, ¿para qué?
Para conseguir al final del año quince días, quince tristes días de vacaciones.
Quince días, en los que te vas muy lejos, para olvidarte de todo el tiempo que has trabajado. Y en esos quince días, no puedes perder ni un segundo.
Quince días como borregos. Borregos que traen al mundo a más borregos que a su vez tiene que trabajar toda su vida, para al final, conseguir otros quince días.
Pensándolo bien, yo no quiero crecer.Sinceramente, ni siquiera quiero ser mayor.
Me quedo como Peter Pan, y los inmaduros, con la fantasía, con la reflexión, con la vida. Así que, no quiero que nadie me pregunte más qué quiero ser de mayor.
Yo de mayor, quiero seguir siendo pequeño.
Según la gente mayor, hay que hacerse adulto para entenderlo todo.
Pero yo veo la gente en la calle y ¿realmente son felices?
Solo los niños, disfrutan de la vida. Es como si al cumplir los 18, todos perdiéramos la cabeza.
Todos son caras largas, rutinas, y malas noticias.
Pero el objetivo de todos los adultos, es el dinero.
Los adultos, hacen lo que sea por el dinero. Es el único objetivo que tienen en todo el año. Conseguir dinero, y más dinero.
Total, día tras día trabajando... y yo me pregunto, ¿para qué?
Para conseguir al final del año quince días, quince tristes días de vacaciones.
Quince días, en los que te vas muy lejos, para olvidarte de todo el tiempo que has trabajado. Y en esos quince días, no puedes perder ni un segundo.
Quince días como borregos. Borregos que traen al mundo a más borregos que a su vez tiene que trabajar toda su vida, para al final, conseguir otros quince días.
Pensándolo bien, yo no quiero crecer.Sinceramente, ni siquiera quiero ser mayor.
Me quedo como Peter Pan, y los inmaduros, con la fantasía, con la reflexión, con la vida. Así que, no quiero que nadie me pregunte más qué quiero ser de mayor.
Yo de mayor, quiero seguir siendo pequeño.
miércoles, 26 de junio de 2013
La mayor arma contra nosotros.
Algunos dicen que nuestra vida está definida por la suma de nuestras elecciones.
Pero no son realmente nuestras elecciones las que definen quienes somos; es nuestro compromiso con ellas.
Para algunos, el compromiso es como la fe.
Pero para mí, el compromiso tiene un lado oscuro, un lado de sombra que constantemente pregunta: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar?
Es como cuando alguien nos intenta usar en nuestra contra con nuestra propia mente, manipulándonos, dejando nuestras elecciones en su mano.
Aprovechándose de las dudas e incertidumbres que ya acechaban ahí.
¿Somos fieles a nosotros mismos?
¿O vivimos bajo las expectativas de los demás?
Y si somos abiertos y honestos...
¿Podemos llegar a ser queridos?
¿O al final, somos todos desconocidos, incluso para nosotros mismos?
Pero no son realmente nuestras elecciones las que definen quienes somos; es nuestro compromiso con ellas.
Para algunos, el compromiso es como la fe.
Pero para mí, el compromiso tiene un lado oscuro, un lado de sombra que constantemente pregunta: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar?
Es como cuando alguien nos intenta usar en nuestra contra con nuestra propia mente, manipulándonos, dejando nuestras elecciones en su mano.
Aprovechándose de las dudas e incertidumbres que ya acechaban ahí.
¿Somos fieles a nosotros mismos?
¿O vivimos bajo las expectativas de los demás?
Y si somos abiertos y honestos...
¿Podemos llegar a ser queridos?
¿O al final, somos todos desconocidos, incluso para nosotros mismos?
viernes, 21 de junio de 2013
Ríe cuando puedas.
Ahí me tenéis en un de esos días en los que nadie me coge el teléfono y las paredes se te echan encima.
Yo sé que siempre hay salida, pero saber que todo va a ir bien no quita que me sienta hecho una porquería.
Pasan los años, los proyectos, los sueños, ¿recuerdas como querías ser cuando eras pequeño?
Crecer es darse cuenta de que la vida no es como quisieras que fuera, todo es mucho más complejo: responsabilidades, luchas, deberes, sonreír cuando no te apetece, mentir para no hacer daño a la gente que quieres, fingir cuando perfectamente sabes que te mienten.
¿Merece la pena hacer lo que se supone que debes más veces de lo que realmente quieres?
¿Porqué terminé haciendo lo que todos hacen si se supone que me sentí diferente?
He sido un cobarde disfrazado de valiente, siempre pendiente del qué dirá la gente.
Escondo mis miedos para parecer fuerte...pero ya no más, es hora de ser consecuente porque...
Quizá la clave para ser realmente libre sea, reír cuando puedas y llorar cuando lo necesites; ser honesto con uno mismo, centrarse y olvidarse del ruido.
Quizá la clave para ser realmente libre sean, reír cuando puedas y llorar cuando lo necesites; no obcecarse con los objetivos, y vivir algo más tranquilo.
Sé que no soy perfecto; bien, no me castigaré más por no serlo.
Voy a aprender a decir que no, a aceptarme como soy, a medir el valor, porque, a veces fui valiente para no sentir miedo. Sé que suena extraño pero ¿sabes qué? lo peor de todo es que es cierto.
Hoy busco, dormir a gusto.
¿Que no hay mal que por bien no venga? eso es mentira.
Me centraré en lo importante: mi familia, mis amigos...
Aceptaré el hecho de que puedo estar de bajón de vez en cuando, porque estar de bajón es humano.
Yo sé que siempre hay salida, pero saber que todo va a ir bien no quita que me sienta hecho una porquería.
Pasan los años, los proyectos, los sueños, ¿recuerdas como querías ser cuando eras pequeño?
Crecer es darse cuenta de que la vida no es como quisieras que fuera, todo es mucho más complejo: responsabilidades, luchas, deberes, sonreír cuando no te apetece, mentir para no hacer daño a la gente que quieres, fingir cuando perfectamente sabes que te mienten.
¿Merece la pena hacer lo que se supone que debes más veces de lo que realmente quieres?
¿Porqué terminé haciendo lo que todos hacen si se supone que me sentí diferente?
He sido un cobarde disfrazado de valiente, siempre pendiente del qué dirá la gente.
Escondo mis miedos para parecer fuerte...pero ya no más, es hora de ser consecuente porque...
Quizá la clave para ser realmente libre sea, reír cuando puedas y llorar cuando lo necesites; ser honesto con uno mismo, centrarse y olvidarse del ruido.
Quizá la clave para ser realmente libre sean, reír cuando puedas y llorar cuando lo necesites; no obcecarse con los objetivos, y vivir algo más tranquilo.
Sé que no soy perfecto; bien, no me castigaré más por no serlo.
Voy a aprender a decir que no, a aceptarme como soy, a medir el valor, porque, a veces fui valiente para no sentir miedo. Sé que suena extraño pero ¿sabes qué? lo peor de todo es que es cierto.
Hoy busco, dormir a gusto.
¿Que no hay mal que por bien no venga? eso es mentira.
Me centraré en lo importante: mi familia, mis amigos...
Aceptaré el hecho de que puedo estar de bajón de vez en cuando, porque estar de bajón es humano.
miércoles, 12 de junio de 2013
Si me conocieras.
Nadie se había dado cuenta de todas las sonrisas falsas que llevaba todas las mañanas aquel chico en su cara.
Porque nadie sabía lo que era salir todos los días a la puta calle con una sonrisa que no es la tuya.
Y todo para evitar preguntas, para no tener que contestar un ''estoy bien'' acompañado de un pequeño grito en el interior negándolo.
Y ojalá el silencio tuviese voz.
Ojalá esos hijos de puta que le hacen sentirse como una mierda callasen para siempre, porque no saben lo que duele.
¿Hablan de penas y de tristezas? ya les enseñará los cortes.
Y así pasan sus días, y sus pensamientos no cambian.
Y es que la putada ahora es que no te puedes fiar de nadie, porque los que hoy te sacan las mejores sonrisas, más tarde te las roban. Te las reclaman. No falla.
Y ahora, ¿qué hace? a su lado tiene un bote de pastillas que ni siquiera es capaz de abrir.
¿Lo abre?
¿Acaba con todo de una vez?
¿Es lo correcto?
Sí, lo es. Lo necesita.
Ni media vida, y ya quiere irse.
Y se va. Sin dudarlo. Se va.
Unas horas después, en la misma habitación, unos padres rotos, observando esa habitación que a partir de hoy se convertiría en la zona negra de la casa.
Y quien sabe, a lo mejor hubiese llegado lejos.
Hubiese sido grande. Hubiese sido un chico al que admirar.
Quizá no vio esa pequeña luz al final del túnel.
Esa luz que resplandecía cada amanecer, pero que la oscuridad de su cabeza no le dejaba ver.
Quizá no se fijó en la sonrisas de sus amigos aquella tarde, recordándole que aquí para todo.
Quizá esa no haya sido la mejor opción, o, mejor dicho, no lo fue.
Quizá no sabía que el futuro le aguardaba mejores cosas, y que las malas rachas solo son temporales.
Pero ya no hay marcha atrás. Se ha ido. Para siempre.
Porque nadie sabía lo que era salir todos los días a la puta calle con una sonrisa que no es la tuya.
Y todo para evitar preguntas, para no tener que contestar un ''estoy bien'' acompañado de un pequeño grito en el interior negándolo.
Y ojalá el silencio tuviese voz.
Ojalá esos hijos de puta que le hacen sentirse como una mierda callasen para siempre, porque no saben lo que duele.
¿Hablan de penas y de tristezas? ya les enseñará los cortes.
Y así pasan sus días, y sus pensamientos no cambian.
Y es que la putada ahora es que no te puedes fiar de nadie, porque los que hoy te sacan las mejores sonrisas, más tarde te las roban. Te las reclaman. No falla.
Y ahora, ¿qué hace? a su lado tiene un bote de pastillas que ni siquiera es capaz de abrir.
¿Lo abre?
¿Acaba con todo de una vez?
¿Es lo correcto?
Sí, lo es. Lo necesita.
Ni media vida, y ya quiere irse.
Y se va. Sin dudarlo. Se va.
Unas horas después, en la misma habitación, unos padres rotos, observando esa habitación que a partir de hoy se convertiría en la zona negra de la casa.
Y quien sabe, a lo mejor hubiese llegado lejos.
Hubiese sido grande. Hubiese sido un chico al que admirar.
Quizá no vio esa pequeña luz al final del túnel.
Esa luz que resplandecía cada amanecer, pero que la oscuridad de su cabeza no le dejaba ver.
Quizá no se fijó en la sonrisas de sus amigos aquella tarde, recordándole que aquí para todo.
Quizá esa no haya sido la mejor opción, o, mejor dicho, no lo fue.
Quizá no sabía que el futuro le aguardaba mejores cosas, y que las malas rachas solo son temporales.
Pero ya no hay marcha atrás. Se ha ido. Para siempre.
martes, 4 de junio de 2013
No dejes de hacer algo por miedo a lo que digan los demás.
Un hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa.
Un día que había allí mercado, el hombre le dijo a su hijo que fuesen ambos para allá a comprar algunas cosas que necesitaban.
Decidieron llevar a su burro consigo, para poder traer dichas cosas.
Y yendo el burro hacia el mercado, llevaban al burro sin ninguna carga e iban ambos a pie, y se encontraron con unos hombres que venían de la ciudad adonde ellos iban.
Y después de hablar con ellos y que se despidieran los unos de los otros, aquellos hombres que habían encontrado comenzaron a hablar entre ellos y decían que no les parecían muy sensatos el hombre y su hijo, pues llevaban al burro descargado y ellos iban a pie.
El hombre, después de oír aquello, le preguntó a su hijo que qué le parecía lo que decían.
Y el hijo dijo que decían la verdad, pues si el burro iba descargado, no era muy sensato ir los dos a pie.
Y entonces, el hombre mandó a su hijo subirse al burro.
Y yendo así por el camino, hallaron a otros hombres.
Y en cuanto se despidieron de ellos, comenzaron a decir que estaba muy equivocado aquel hombre, porque iba él a pie, que estaba viejo y cansado, y el chico, que podía aguantar la fatiga, iba en el burro.
Preguntó entonces de nuevo el hombre a su hijo que qué le parecía lo que aquellos hombres decían; y el dijo que le parecía que decían una cosa razonable.
Entonces le dijo a su hijo que bajase del burro y se subió él al animal.
Y al poco rato, toparon con otros que decían que les parecía muy injusto que aquel muchacho, que no podía sufrir la fatiga, ir a pie, e ir el hombre subido en el burro.
Entonces preguntó el buen hombre al chico que qué le parecía lo que decían esos hombres.
Y el chico le dijo que, según el entendía, decían la verdad.
Entonces mandó el hombre a su hijo subir al burro para que ninguno de ellos fuese a pie.
Y entonces encontraron a otros hombres que decían que aquel burro tan delgado, que apenas podía ir bien por el camino; y pues así era, que cometían los dos un error al subirse al animal.
Y el hombre preguntó a su hijo de nuevo que qué le parecía lo que esos hombres decían, y el chico le dijo a su padre que le parecía verdad aquello.
Entonces el padre respondió a su hijo de esta manera:
-Hijo, de ninguna manera es posible que alguna de estas cosas no hagamos, y ya todas las hemos hecho y todos dicen que son un error.
Puedes estar seguro de que nunca harás ninguna cosa de la que todos hablen bien.
Y por ello, si tú quieres hacer lo mejor y lo más provechoso para ti, procura hacer lo mejor y lo que te conviene más. Y con la única condición de que no sea algo malo, no dejes de hacerlo por miedo a lo que diga la gente.
Un día que había allí mercado, el hombre le dijo a su hijo que fuesen ambos para allá a comprar algunas cosas que necesitaban.
Decidieron llevar a su burro consigo, para poder traer dichas cosas.
Y yendo el burro hacia el mercado, llevaban al burro sin ninguna carga e iban ambos a pie, y se encontraron con unos hombres que venían de la ciudad adonde ellos iban.
Y después de hablar con ellos y que se despidieran los unos de los otros, aquellos hombres que habían encontrado comenzaron a hablar entre ellos y decían que no les parecían muy sensatos el hombre y su hijo, pues llevaban al burro descargado y ellos iban a pie.
El hombre, después de oír aquello, le preguntó a su hijo que qué le parecía lo que decían.
Y el hijo dijo que decían la verdad, pues si el burro iba descargado, no era muy sensato ir los dos a pie.
Y entonces, el hombre mandó a su hijo subirse al burro.
Y yendo así por el camino, hallaron a otros hombres.
Y en cuanto se despidieron de ellos, comenzaron a decir que estaba muy equivocado aquel hombre, porque iba él a pie, que estaba viejo y cansado, y el chico, que podía aguantar la fatiga, iba en el burro.
Preguntó entonces de nuevo el hombre a su hijo que qué le parecía lo que aquellos hombres decían; y el dijo que le parecía que decían una cosa razonable.
Entonces le dijo a su hijo que bajase del burro y se subió él al animal.
Y al poco rato, toparon con otros que decían que les parecía muy injusto que aquel muchacho, que no podía sufrir la fatiga, ir a pie, e ir el hombre subido en el burro.
Entonces preguntó el buen hombre al chico que qué le parecía lo que decían esos hombres.
Y el chico le dijo que, según el entendía, decían la verdad.
Entonces mandó el hombre a su hijo subir al burro para que ninguno de ellos fuese a pie.
Y entonces encontraron a otros hombres que decían que aquel burro tan delgado, que apenas podía ir bien por el camino; y pues así era, que cometían los dos un error al subirse al animal.
Y el hombre preguntó a su hijo de nuevo que qué le parecía lo que esos hombres decían, y el chico le dijo a su padre que le parecía verdad aquello.
Entonces el padre respondió a su hijo de esta manera:
-Hijo, de ninguna manera es posible que alguna de estas cosas no hagamos, y ya todas las hemos hecho y todos dicen que son un error.
Puedes estar seguro de que nunca harás ninguna cosa de la que todos hablen bien.
Y por ello, si tú quieres hacer lo mejor y lo más provechoso para ti, procura hacer lo mejor y lo que te conviene más. Y con la única condición de que no sea algo malo, no dejes de hacerlo por miedo a lo que diga la gente.
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