martes, 4 de junio de 2013

No dejes de hacer algo por miedo a lo que digan los demás.

Un hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa.
Un día que había allí mercado, el hombre le dijo a su hijo que fuesen ambos para allá a comprar algunas cosas que necesitaban.
Decidieron llevar a su burro consigo, para poder traer dichas cosas.
Y yendo el burro hacia el mercado, llevaban al burro sin ninguna carga e iban ambos a pie, y se encontraron con unos hombres que venían de la ciudad adonde ellos iban.
Y después de hablar con ellos y que se despidieran los unos de los otros, aquellos hombres que habían encontrado comenzaron a hablar entre ellos y decían que no les parecían muy sensatos el hombre y su hijo, pues llevaban al burro descargado y ellos iban a pie.
El hombre, después de oír aquello, le preguntó a su hijo que qué le parecía lo que decían.
Y el hijo dijo que decían la verdad, pues si el burro iba descargado, no era muy sensato ir los dos a pie.
Y entonces, el hombre mandó a su hijo subirse al burro.
Y yendo así por el camino, hallaron a otros hombres.
Y en cuanto se despidieron de ellos, comenzaron a decir que estaba muy equivocado aquel hombre, porque iba él a pie, que estaba viejo y cansado, y el chico, que podía aguantar la fatiga, iba en el burro.
Preguntó entonces de nuevo el hombre a su hijo que qué le parecía lo que aquellos hombres decían; y el dijo que le parecía que decían una cosa razonable.
Entonces le dijo a su hijo que bajase del burro y se subió él al animal.
Y al poco rato, toparon con otros que decían que les parecía muy injusto que aquel muchacho, que no podía sufrir la fatiga, ir a pie, e ir el hombre subido en el burro.
Entonces preguntó el buen hombre al chico que qué le parecía lo que decían esos hombres.
Y el chico le dijo que, según el entendía, decían la verdad.
Entonces mandó el hombre a su hijo subir al burro para que ninguno de ellos fuese a pie.
Y entonces encontraron a otros hombres que decían que aquel burro tan delgado, que apenas podía ir bien por el camino; y pues así era, que cometían los dos un error al subirse al animal.
Y el hombre preguntó a su hijo de nuevo que qué le parecía lo que esos hombres decían, y el chico le dijo a su padre que le parecía verdad aquello.
Entonces el padre respondió a su hijo de esta manera:

-Hijo, de ninguna manera es posible que alguna de estas cosas no hagamos, y ya todas las hemos hecho y todos dicen que son un error.
Puedes estar seguro de que nunca harás ninguna cosa de la que todos hablen bien.
Y por ello, si tú quieres hacer lo mejor y lo más provechoso para ti, procura hacer lo mejor y lo que te conviene más. Y con la única condición de que no sea algo malo, no dejes de hacerlo por miedo a lo que diga la gente.

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