Un día de primavera cualquiera, en un campo con un verde extravagante, una serpiente y una luciérnaga se encontraron.
La serpiente, hambrienta, se disponía a comerse a la luciérnaga, que no paraba de brillar.
La luciérnaga se percató de la presencia de la serpiente, y acto seguido, se dirigió hacia ella y le preguntó:
-Oye...¿porqué siempre quieres comer a insectos como yo? ¿acaso te molesto?
Y la serpiente contestó:
+No.
-¿Te hago algún daño? volvió a preguntar la luciérnaga.
+No. Contestó la serpiente.
Entonces, la luciérnaga, extrañada por sus respuestas, preguntó de nuevo:
-¿Entonces porqué siempre quieres comerme?
+Porque no soporto verte brillar. Contestó la serpiente.
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